Conectar los puntos

“Entonces los funcionarios le dijeron al faraón: ‘¿Hasta cuándo este individuo será una trampa para nosotros? ¡Deja que el pueblo se vaya y que rinda culto al Señor su Dios! ¿Acaso no sabes que Egipto está arruinado?’”. (Éxodo 10:7, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Bo, es de Éxodo 10:1 – 13:16 y de Jeremías 46:13-28.

¿En qué estaba pensando el faraón? Ya que cada vez que el faraón se negaba a dejar ir a los Israelitas, una plaga más golpeaba la tierra de Egipto, se supondría que el faraón llegaría a entender. Sin embargo, cada vez que se comprometía a dejarlos ir, después de que la plaga pasara, el faraón regresaba de nuevo a su posición inicial.

Esta vez, sin embargo, antes de que la plaga número ocho hubiera llegado, ¡sus consejeros se hartaron! Ellos entendían lo que estaba sucediendo, e incluso no podían creer que el faraón fuera tan terco. Por lo tanto le suplicaron: “¡Deja que el pueblo se vaya (…)! ¿Acaso no sabes que Egipto está arruinado?”.

¿Cómo podía el faraón no darse cuenta de que Egipto estaba al borde de la ruina? ¿Cómo no darse cuenta de que estaba en contra de un poder mucho más grande que él y que no iba a ganar esta batalla? ¿Cómo podía el faraón estar tan ciego?

¿Alguna vez ha visto un cuadro del pintor francés Georges Seurat? Seurat inventó una técnica de pintura conocida como el puntillismo. Usando esta técnica, el artista crea una obra maestra compuesta de diminutos puntos de pintura. Si usted se ubica cerca de la pintura, todo lo que ve son puntos y más puntos. Desde allí no puede conectarlos y ver la imagen que forman. Sólo cuando da un paso atrás y se aleja de la pintura, abarcando todo el lienzo, es que la imagen completa se aclara.

Esta es una gran analogía para entender cómo el faraón podía ser tan ciego cuando la imagen era tan clara. En pocas palabras, estaba demasiado cerca de la situación. Su país estaba en juego y así también su honor, su ego y todo su concepto de sí mismo. El faraón estaba demasiado involucrado emocionalmente en el conflicto como para poder verlo objetivamente. Sus consejeros, por otra parte, estaban más distantes; podían ver el cuadro completo y comprender su significado. El faraón no podía conectar los puntos.

Al igual que el faraón, a veces, incluso el más inteligente de nosotros no es capaz de pensar con claridad. Tal vez haya tenido algún amigo o amiga que estaba en una relación dañina bastante obvia y que se negaba a salir de ella. Su amigo o amiga no podía ver el ciclo de dolor y destrucción, pues estaba demasiado cerca de la situación. O bien,  tal vez usted se haya sentido incapaz de tomar una decisión importante, por haber perdido la perspectiva amplia de la situación. A veces, cuando estamos muy cerca de una situación, se nos dificulta verla con claridad, y no sabemos qué hacer.

En ese tipo de situaciones, tenemos que ser lo suficientemente sabios como para hacer lo que el faraón no hizo: ¡Escuchar el consejo de los demás! ¿Quiénes son sus consejeros de confianza? Manténgalos cerca y recurra a ellos en momentos de necesidad, y no olvide pedir la dirección del asesor más confiable de todos: ¡Dios Todopoderoso! Él le ayudará a conectar los puntos.