Bendecir a otros

Te ruego que vengas y maldigas por mí a este pueblo, porque es más poderoso que yo. Tal vez así pueda yo vencerlos y echarlos fuera del país. Yo sé que a quien tú bendices, queda bendito, y a quien tú maldices, queda maldito. — (Números 22:6)

La porción de la Torá de esta semana, Balak, es de Números 22:2 – 25:9, y la Haftará es de Miqueas 5:6 – 6:8.

En un antiguo episodio del programa televisivo  “I Love Lucy” (Yo amo a Lucy), hay una escena en la que Lucy participa en la antigua tradición de la elaboración del vino, al pisotear uvas con los pies descalzos. Al meterse en una enorme tina de uvas, Lucy hace caras muy divertidas mientras cautelosamente aplasta las uvas, permitiendo que el jugo se filtre a través de una malla, mientras las cáscaras y semillas se mantienen arriba. Así es como el vino solía hacerse. La trituración de las uvas con los pies descalzos era la manera más fácil y rápida para liberar los jugos.

Tradicionalmente en el judaísmo, todas las comidas del Shabbat y demás celebraciones comienzan con una bendición sobre una copa de vino. Sostenemos la copa y la levantamos mientras recitamos la bendición. Uno de los significados detrás de aquel acto simbólico, es que estamos levantando lo que fue empujado hacia abajo. Elevamos lo que ha sido oprimido.

En la vida, hay dos maneras de salir adelante: elevándonos nosotros mismos o empujando a otros hacia abajo. Desafortunadamente, la mayoría de las veces, la gente elige esta última opción. Ya sea un colega en una gran empresa que está tratando de subir a una posición más elevada, o un cruel dictador con deseos de enriquecerse, muchas personas optan por mejorar sus propias condiciones a expensas de los demás.

Esta era exactamente la disyuntiva que enfrentaba Balac, el rey de los moabitas. Balac les tenía miedo a los hijos de Israel, y empleó a Balán, un hechicero, para maldecir al pueblo judío. Sin embargo, con la misma facilidad, el rey pudo haber contratado a Balán para que bendijera a su propio pueblo. Balac podría haber pedido fuerza, pero en su lugar, le pidió a Balán que debilitara a los israelitas. Desafortunadamente para Balac, su plan no tuvo éxito, y en lugar de ser menguados por las palabras de Balán, los israelitas se fortalecieron cuando la maldición de Balán se tornó en una bendición.

¡Gracias a Dios por eso! Porque, en última instancia, si Balac hubiese logrado destrozar a los israelitas, sólo se habría hecho daño a sí mismo y al mundo entero. En Génesis 12:3, Dios dice: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” Bendecir a los israelitas trae bendiciones al mundo.

Amigos, todos tenemos la opción de menoscabar a los demás, o en su lugar, alentar a otros y a nosotros mismos. Aunque bajarle el piso a otros, a través de chismes o cosas por el estilo, es tentador, con eso sólo nos hacemos daño a nosotros mismos. Por otro lado, cuando mejoramos, todos se benefician. Del mismo modo, cuando bendecimos a otros, también nosotros nos beneficiamos de sus bendiciones.

El mundo no se volverá más brillante menguando la luz de otra persona. Es sólo cuando hacemos que nuestra propia llama brille más o acrecentamos la luz de otra persona, ¡que el mundo será un lugar mejor para todos nosotros!