Bajo cualquier circunstancia

Visión de Abdías. Hemos oído una noticia de parte del Señor y un mensajero ha sido enviado a las naciones, diciendo: “¡Vamos, marchemos a la guerra contra ella!” Así dice el Señor omnipotente acerca de Edom. — Abdías 1:1

La porción de la Torá de esta semana, Vaishlaj, es de Génesis 32:3–36:43 y de Abdías 1:1–21.

La Haftará para Vaishlaj se toma del libro de Abdías. Abdías, un libro de sólo un capítulo, es una profecía contra la nación de Edom y la descripción de su caída al final de los tiempos. Los eruditos enseñan que la elección de Abdías para profetizar contra Edom era natural y señalan dos razones: primero, porque él era “uno de ellos,” y por lo tanto entendía muy bien sus defectos; y segundo, porque Abdías era la antítesis del gran antepasado de Edom, nada menos que Esaú, el de la lectura de la Torá de esta semana.

Esaú tuvo el privilegio de crecer en el hogar santo de Isaac y Rebeca. Tuvo ejemplos perfectos en sus padres y su crianza fue enriquecedora y amorosa. Según la tradición judía, Abdías, por su parte, creció entre los depravados edomitas. Después de convertirse al judaísmo, vivió con el rey Acab y la reina Jezabel, posiblemente el rey y la reina más malvados que jamás hayan gobernado Israel (véase 1 Reyes 18:3–16). Esaú, a pesar de su envidiable crianza, terminó viviendo una vida inicua e inmoral. Pero Abdías, a pesar de las malas influencias que le rodeaban, se mantuvo justo y bueno.

Al examinar la vida de Esaú y Abdías nos damos cuenta de que aunque nuestras experiencias de vida sin duda nos afectan, en última instancia somos responsables de los caminos que elegimos en la vida. No podemos controlar lo que nos sucede en la vida, pero siempre podemos controlar cómo reaccionamos ante esos acontecimientos.

Esto me recuerda una historia milenaria sobre una hija que se queja con su madre acerca de las circunstancias en su vida. En respuesta, la madre hirvió tres ollas de agua, en una de las ollas puso una zanahoria, en la otra un huevo y unos granos de café en la tercera. Después de una media hora, la madre le pidió a su hija que echara un vistazo.

Cada uno de los tres elementos habían sido colocados en la misma situación –agua hirviendo– pero todos reaccionaron de manera diferente. La zanahoria entro al agua fuerte, pero salió débil y blanda. El huevo entró suave y fluido, pero salió duro e inflexible. Los granos de café eran únicos; usaron el agua hirviendo para convertirse en algo mejor: una deliciosa taza de café. La madre entonces le explica a su hija que para cada circunstancia de la vida, elegimos la consecuencia. Podemos dejar que nuestras circunstancias nos debiliten, podemos dejar que se endurezca nuestro corazón, o podemos utilizarlas para ser mejores. Abdías eligió ser mejor.

¿Cómo reacciona usted ante la vida? ¿Es usted como la zanahoria, el huevo o los granos de café? ¿Deja que las circunstancias en su vida lo hundan o las utiliza como trampolín para llegar más alto? La elección es nuestra.