Argumentos por el bien de los cielos

Entonces el sacerdote Eleazar recogió esos incensarios, y con ellos mandó hacer láminas para recubrir el altar. Las láminas quedaron allí, como advertencia a los israelitas, para que ninguno que no fuera descendiente de Aarón ni estuviera autorizado se atreviera a ofrecer incienso ante el Señor; de lo contrario, le sucedería lo mismo que a Coré y su gente, tal como el Señor se lo había advertido por medio de Moisés. — Números 16:39-40

La porción de la Torá de esta semana, Koraj, es de Números 16:1 – 18:32, y la Haftará es de 1 Samuel 11:14 – 12:22.

En la década de 1980, un político israelí apareció en el Morton Downey, Jr. Show, un controversial programa de entrevistas conocido por los acalorados e incluso enconados debates que se daban entre los huéspedes del programa. Cuando aquel político hizo su aparición, todo el mundo le gritaba: los invitados, el público, todos. El israelí se sentó tranquilamente, mientras le gritaban ofensas, lo amenazaban y le expresaban su odio por Israel. Cuando Morton le preguntó cómo podía sentarse con tanta calma, el político respondió: “Estoy acostumbrado a esto. ¡Así son nuestras discusiones en la Knéset ––el parlamento israelí–– todos los días!”

Ya sea que usted entre en la Knéset o en un yeshivá (lugar de estudio de la Torá), es probable que encuentre judíos gritándose el uno al otro en desacuerdo. No obstante, en la porción de la Torá de esta semana, estudiamos el desacuerdo que tenía Coré con Moisés y el castigo que hizo caer sobre sí mismo. De hecho, los incensarios de bronce usados por los hombres que desafiaron a Moisés y a Aarón y murieron posteriormente, fueron utilizados para recubrir el altar, con el fin de hacer recordar siempre a los israelitas que no fueran como Coré y sus seguidores. Entonces, ¿qué de las discusiones?

El Talmud relata una historia acerca de un erudito, el rabino Yochanan, y su compañero de estudio, Reish Lakish. Los dos estudiaron juntos durante muchos años, hasta que un día Reish Lakish murió. El rabino Yochanan estaba angustiado, incluso luego de que sus estudiantes le encontraran un nuevo socio: ¡el hombre más brillante de la ciudad! “¿Por qué sigue triste?”, le preguntaron. El rabino les dijo: “Este hombre es realmente un erudito. De hecho, es tan brillante que puede llegar a probar de veinticuatro maneras diferentes que lo que estoy diciendo es correcto. Pero cuando estudiaba con Reish Lakish, él me presentaba veinticuatro maneras diferentes de probar que lo que estaba diciendo era incorrecto. ¡Eso es lo que echo de menos! El objetivo del estudio no es tener a alguien que esté de acuerdo conmigo. Quiero que me critique, me cuestione y me demuestre que estoy equivocado. ¡De eso se trata descubrir la verdad!”

El judaísmo hace una diferencia entre argumentos enconados y “argumentos por el bien de los cielos.” Los primeros son destructivos, los segundos constructivos. Se nos permite estar en desacuerdo con los demás –y hasta nos sentimos alentados a discutir entre nosotros– cuando el objetivo de ambas partes es descubrir la verdad. Sin embargo, cuando se trata de discusiones con segundas intenciones, como vanagloriarse o el deseo de menospreciar a alguien, debemos evitar ese tipo de conflictos.

Así que la próxima vez que se encuentre en un acalorado debate –o mejor aún, la próxima vez que se encuentre a punto de entrar en uno– pregúntese si su argumento surge por la razón correcta. Si no es así, retírese tranquilamente. Si lo es, ¡entonces adelante!