Amar sin motivo alguno

Y abrazó José a su hermano Benjamín, y comenzó a llorar. Benjamín, a su vez, también lloró abrazado a su hermano José. — Génesis 45:14

La porción de la Torá de esta semana, Vaigash, es de Génesis 44:18 – 47:27 y de Ezequiel 37:15 – 28.

De todos los hermanos de José, había un hermano en particular con el que tenía una relación especial: Benjamín. Sólo Benjamín compartía con José el mismo padre y la misma madre, la amada Raquel. Así que no es de extrañar que José abrazara a Benjamín antes que a cualquier otro de sus hermanos, o que durante el abrazo los dos hermanos derramaran muchas lágrimas. Pero lo que sí es confuso es que los eruditos nos enseñan que aquellas no eran lágrimas de alegría; de hecho eran lágrimas de tristeza, dolor y desesperación.

¿Por qué estarían los hermanos llorando de tristeza en un momento en que deberían estar rebosando de alegría?

Los eruditos explican que mientras los hermanos se abrazaban, ambos estaban experimentando una visión profética. José vio la destrucción de los dos templos que se construyeron en el territorio de la tribu de Benjamín; Benjamín la destrucción del Tabernáculo, el Templo temporal que se construiría en el territorio de la tribu de José.

La tradición judía enseña que los templos fueron destruidos a causa del odio infundado entre las personas. Tanto José como Benjamín presagiaron que el odio y los celos que habían dado lugar a la venta de José, volverían a surgir una y otra vez; es por eso que lloraban.

Los sabios enseñan que si el Templo no ha sido reconstruido aun, es porque todavía somos culpables de albergar en nuestros corazones odio, sin fundamento, para con nuestros hermanos y hermanas. Sólo hay un antídoto para la enfermedad de odiar a alguien sin ningún motivo: amar a la gente sin ningún motivo.

Recientemente me encontré con una historia escrita por una mujer que trabaja como cajera en Wal-Mart. La mujer estaba atendiendo a los últimos clientes del día, incluyendo a una joven pareja que se había acercado para pagar sus compras, principalmente artículos de bebé: pañales, toallitas, comida para bebé, etc. Pero cuando llegó el momento del pagar, su tarjeta de crédito fue rechazada. El marido intentó tarjeta tras tarjeta, mientras tanto su esposa temblaba visiblemente. Cuando empezaron a sacar las compras de las bolsas para devolverlas, el hombre que estaba detrás de ellos en la fila de la caja, sacó su tarjeta de crédito y la pasó. La cajera le dijo a la pareja que podían dejar de sacar las cosas, ya que todo había sido pagado, y con lágrimas de alegría, le dieron las gracias al hombre y se fueron.

Eso es amor sin motivo alguno. Aquellas personas en Wal-Mart no eran parientes ni amigos, pero eran seres humanos, y eso fue motivo suficiente para que se unieran y demostraran amor los unos por los otros. Es momento de convertir los celos en empatía y el juicio en compasión, ¿no le parece? Al amarnos incondicionalmente, podemos ayudar a poner fin al sufrimiento en el mundo.