Alimento que nos hace reflexionar

“Entonces el Señor le dijo a Moisés: ‘Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones’”. (Éxodo 16:4, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Beshalaj, es de Éxodo 13:7 – 17:16 y de Jueces 4:4 – 5:31.

Un mes después de que los israelitas salieron de Egipto, se les acabó la comida. Una vez más se quejaron y entraron en pánico, y una vez más, Dios los tranquilizó y realizó milagros en su nombre.

Al día siguiente, los hijos de Israel se despertaron y encontraron el suelo cubierto de una sustancia blanca nacarada que se convertiría en su comida durante los próximos 40 años. Las personas nunca antes habían visto tal cosa y preguntaban: “¿Y esto qué es?” (Éxodo 16:15). Así es como al pan celestial se le llegó a conocer como “maná”: “¿Esto qué es?” en el idioma egipcio.

La comida enviada por el cielo era de naturaleza espiritual. La tradición judía enseña que los que comían el maná se hacían más sabios y perspicaces. A diferencia de la comida terrenal, que contiene elementos que el cuerpo no puede utilizar, y por lo tanto se eliminan, el maná era totalmente absorbido por el cuerpo. No había producto de desecho.

Con este don celestial vino un desafío: cuando el maná caía, a los israelitas se les permitía sólo recoger lo que necesitaban para su familia en ese día. El almacenamiento de sobras estaba prohibido. Tenían que confiar en que habría más al día siguiente. Además, los viernes, una doble porción de maná caería. Se le obligaba a cada familia tomar una porción doble. Durante el Shabbat (sábado) no caía maná, porque la recolección sería una profanación de la ley del día de reposo.

Los detalles del maná nos enseñan tres lecciones muy importantes acerca de nuestro sustento por parte de Dios. Son lecciones que nos ayudan a hacer frente a los tiempos difíciles y nos dan una perspectiva muy necesaria en tiempos de abundancia.

  1. ¿Esto qué es?”. Dios siempre nos sostiene, pero no siempre de la manera que esperamos. A veces Dios nos provee de una manera misteriosa y nosotros decimos: “¿Qué es esto? ¡Esto no es lo que yo esperaba!” Pero tenemos que estar dispuestos a recibir todos los regalos de Dios.
  2. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria”. Mientras que a todos nos gustaría tener cuentas bancarias bastante abultadas para que nos duren toda la vida, eso no es siempre lo Dios quiere. Más bien, él quiere que no dependamos del dinero, sino de él. Así que Dios nos da lo que necesitamos, pero a veces, un día a la vez.
  3. Deben recogerlo durante seis días, porque el día séptimo, que es sábado, no encontrarán nada” (Éxodo 16:26, NVI). El Shabbat nos recuerda que Dios es el creador supremo. Trabajamos y creamos durante seis días, pero luego nos detenemos; entonces reconocemos que el éxito no viene de nuestro trabajo, sino a partir de las bendiciones de Dios.

Tómese un momento y reflexione sobre las enseñanzas de sustento especial de Dios. ¿Cómo se aplican estas lecciones a su vida hoy? ¡El alimento que nos hace reflexionar!