Alimento para el alma

¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra?
   Viviendo conforme a tu palabra. — Salmo 119:9

Una tarde, un indio chéroqui le contó a su nieto sobre la lucha interna que tenía: “Hijo mío, la lucha es entre dos lobos. Uno de ellos es malvado; está lleno de ira, envidia, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego. El otro es bueno; está lleno de alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe.”

El nieto reflexionó por un momento y entonces le preguntó a su abuelo: “¿Cuál lobo gana?” “El que alimento,” respondió el anciano chéroqui.

El Salmo 119 es único entre los salmos. Al igual que algunos otros salmos, sigue la secuencia del alfabeto hebreo, pero a diferencia de todos ellos, en el Salmo 119 el rey David escribió ocho versos por cada una de las veintidós letras del alfabeto hebreo.

Cada vez que se utiliza esta estructura acróstica, es una señal de que el salmista quiere abarcar lo máximo posible. Por ejemplo, el Salmo 145 sigue la estructura alfabética y es un canto de alabanza. En ese caso, el salmista quiso alabar a Dios de todas las formas posibles: de la A hasta la Z. El salmo 119 es una petición y una oración. El salmista está pidiendo ayuda para poder vivir una vida de bondad, libre de pecado. Al utilizar la estructura alfabética, multiplicada por ocho, David está expresando su incontenible deseo de servir a Dios de todas las formas posibles y de no seguir el camino del mal.

Como el anciano chéroqui ––y al igual que todos nosotros––, una batalla se estaba librando en el interior de David. El salmista preguntó: “¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra?” En otras palabras, ¿cómo garantizar que gane el lobo bueno? En el tira y afloja dentro de cada ser humano, ¿cómo podemos cambiar las probabilidades a favor del bien y en detrimento del mal?

La respuesta es: “Viviendo conforme a tu palabra.” Al nutrir nuestras almas con las palabras de la Biblia, aumentamos drásticamente las probabilidades de que el lado bueno domine nuestra vida.

En el resto del salmo, David derramó su corazón, pidiéndole a Dios que le ayudara a aprender de la Biblia y a obedecer sus leyes. “En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas” (v. 15); “Susténtame conforme a tu palabra” (v. 28). David sabía que con esfuerzo y la ayuda de Dios, sería capaz de alimentar su alma adecuadamente para librar las batallas de la vida.

Si el rey David le dio tanto valor al aprendizaje de la Palabra de Dios, ¡nosotros no deberíamos darle un valor menor! Aprendamos del ejemplo de David y saquemos tiempo para estudiar la Biblia tan a menudo como podamos. Ese es el alimento espiritual que nuestro ser necesita para vivir, prosperar y vencer el mal.