Agradecerlo todo

Cuando hayas entrado en la tierra que el Señor tu Dios te da como herencia, y tomes posesión de ella y te establezcas allí, tomarás de las primicias de todo lo que produzca la tierra que el Señor tu Dios te da, y las pondrás en una canasta. Luego irás al lugar donde el Señor tu Dios haya decidido habitar. — Deuteronomio 26:1–2

La porción de la Torá de esta semana, Nasó, es de Números 4:21–7:89, conjuntamente con la lectura especial de la Torá para Shavuot, Éxodo 19:1–20:23 y Deuteronomio 14:22 –16:17.

En la actualidad se ha perdido una parte importante de las festividades de Shavuot. En la época del Templo, lo más destacado de la festividad era la presentación de los “primeros frutos” como ofrenda a Dios. Sucede que inicialmente, Shavuot era un festival agrícola que se llevaba a cabo cuando en la primavera los frutos comenzaban a aparecer en los árboles. A los israelitas se les había ordenado separar los primeros frutos como dádiva a Dios. En Shavuot, se llevaban estas ofrendas al Templo en una gran celebración.

A pesar de que ya no podemos ser partícipes de aquel mandamiento, todavía podemos aprender la lección detrás de la costumbre. La ceremonia de la presentación de los primeros frutos es una lección práctica de la gratitud.

La costumbre entera se basa en la acción de gracias. Los israelitas reconocían que Dios les había dado la tierra de Israel, y como muestra de gratitud, le daban en retorno del fruto de la tierra. Sobre esta costumbre decían: “Y nos trajo a este lugar . . . . Por eso ahora vengo aquí, con los primeros frutos de la tierra que tú, Señor, me diste.” (Deuteronomio 26:9–10, RVC).

Sin embargo, los versículos que se leen durante la ceremonia comienzan mucho antes en la historia: “Mi padre fue un arameo errante . . .” (Deuteronomio 26:5), en referencia a Jacob. Los versículos comienzan con Jacob, continúan con el Éxodo y terminan con la entrada a Israel.

¿Es realmente necesario remontarse tan lejos en la historia? ¿No es suficiente expresar que Dios trajo a los israelitas a Israel y que por eso le damos gracias?

Esto me recuerda la historia que se cuenta acerca de un rabino que, obviamente, no acostumbraba ir a cafeterías, pero que cuando lo hizo, quedó muy sorprendido por el precio de una simple taza de café. El rabino le preguntó a la camarera: “¿No cree que es un poco excesivo pagar esta cantidad por una taza de café?” “No sólo está pagando el café, está pagando por las mesas, las sillas, la música y el ambiente. Usted está pagando por todo,” le explicó la mujer.

El rabino comprendió lo que decía la camarera, y no sólo en cuanto al café. Aquel rabino comprendió que cuando estamos agradecidos con Dios, debe ser “por todo.” Debemos estar agradecidos por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro; por todo lo que tenemos y por todo lo que tuvo que suceder para que hoy nuestra realidad sea posible. Esa es la razón por la que la ceremonia de los primeros frutos se remonta tan lejos en la historia. Cuando damos gracias a Dios, tenemos que ir muy lejos y muy profundo para apreciar verdaderamente todo lo que él nos ha dado.

Pruebe esto: piense en algo por lo que está agradecido y luego profundice en ese tema. ¿Qué tuvo que suceder para que eso fuera una realidad en su vida? ¿Quién estuvo involucrado? ¿Cómo se dio el momento perfecto? Al profundizar nuestro agradecimiento, llegaremos a estados extraordinarios de gratitud y cercanía a Dios.