Agradecer a Dios por las oraciones no contestadas

Nota a nuestros lectores: La celebración judía de la Pascua se lleva a cabo durante los próximos ocho días. Para cada día de la Pascua, o Pesaj en hebreo, ofreceremos una reflexión devocional vinculada a esta festividad tan especial, así como lecturas de la Torá para cada día. Dado que no se puede trabajar durante los días más santos de la Pascua, estos devocionales fueron preparados para usted de antemano.

Pero la hermana del niño se quedó a cierta distancia para ver qué pasaría con él. — Éxodo 2:4

¿Y si Dios respondiera a cada oración con un rotundo “SÍ”? ¿Sería el mundo un lugar mejor y más feliz o sería peor? Por ejemplo, ¿qué habría pasado si Dios hubiese contestado la oración que Miriam hizo, al estar entre las cañas junto al río Nilo, vigilando a su hermanito Moisés que flotaba en el agua en una canasta diseñada para protegerlo?

Como recordará, Miriam y su madre habían puesto al bebé Moisés en la canasta, como último recurso. Los egipcios habían resuelto matar a todos los bebés varones hebreos. Miriam y su madre esperaban que alguna persona, que no fuera egipcia, encontrara al bebé y tuviera piedad de él.

Miriam se quedó vigilando para averiguar cuál sería el destino de su hermano, y como los eruditos enseñan, mientras esperaba, oró: “Dios, por favor, cuídalo. Por favor, asegúrate de que los funcionarios egipcios no lo encuentren”. ¡Quién tenía que aparecer, sino la hija del faraón mismo! La hija del hombre que proclamó: “¡Tiren al río a todos los niños hebreos que nazcan!” (Éxodo 1:22).

Miriam continuó orando: “¡Dios, por favor, no dejes que lo vea!” Pero la hija del faraón sí lo vio y se acercó a la canasta.

Miriam suplicó: “Por favor, Dios, ¡no dejes que la alcance!” Una vez más, Dios no la escuchó. La hija del faraón alcanzó la canasta, y según la tradición judía, Dios incluso realizó un milagro y alargó su brazo para que pudiera llegar hasta Moisés.

Miriam imploró: “Oh Dios, por favor, haz que ella piense que es feo y nada bueno.” Pero la hija del faraón quedó cautivada y decidió tomar a Moisés como su hijo.

Y Dios dijo: “¡Qué bueno que no contesté tu oración, Miriam! Si hubiese hecho lo que me pedías, Moisés se habría ido a la deriva y ahogado. En su lugar, va a crecer en la casa del faraón, donde se convertirá en un noble, un líder que pueda redimir a Israel”. ¡Y de hecho así fue!

Al igual que Miriam, no siempre conseguimos lo que pedimos. Pero siempre se nos da lo que necesitamos, y eso es lo que marca la diferencia. Cuando oramos por algo y no conseguimos lo que pedimos, nos parece que una de dos cosas ha ocurrido: O Dios no escuchó nuestras oraciones, o bien nos negó un regalo. Pero ninguna de esas dos cosas es cierta. Dios escucha cada una de nuestras oraciones. A veces dice “sí” y otras veces dice “no”. Cuando Dios dice “no,” no es porque no quiere que tengamos cosas buenas. Cuando Dios dice “no” a lo que pedimos, ¡es porque tiene algo aún mejor que darnos!

Cuando sus oraciones parezcan quedar sin respuesta, piense en Miriam parada a la orilla del Nilo egipcio, desesperada. Dele gracias a Dios por sus oraciones no contestadas, porque a menudo son los regalos más grandes que podemos recibir.