A los ojos del Señor

Ten cuidado de obedecer todos estos mandamientos que yo te he dado, para que siempre te vaya bien, lo mismo que a tu descendencia. Así habrás hecho lo bueno y lo recto a los ojos del Señor tu Dios. –Deuteronomio 12:28

La porción de la Torá de esta semana, Re’eh, es de Deuteronomio 11:26 – 16:17, y la Haftará es de Isaías 54:11 – 55:5.

El Rebe Kotzker, un rabino conocido que vivió en Polonia en el siglo xix, tenía muchos refranes famosos. Este es uno de ellos: “Si yo soy yo porque yo soy yo y tú eres tú porque tú eres tú, entonces yo soy yo y tú eres tú. Pero, si yo soy yo porque tú eres tú y tú eres tú porque yo soy yo, ¡entonces ni yo soy yo, ni tú eres tú!”

¿Entendió? Parece ser un acertijo, pero en realidad es un concepto muy simple. Cuando las personas viven su vida de acuerdo a lo que otros puedan pensar de ellas, entonces en realidad no viven una expresión auténtica de lo que son realmente. Para ser quienes somos realmente, necesitamos vivir la vida de acuerdo a nuestras propias normas y no de acuerdo al punto de vista de otra persona.

En la lectura de esta semana, Moisés le dice al pueblo de Israel que si obedecen los mandamientos de Dios, entonces les irá bien en la vida, ya que “habrás hecho lo bueno y lo recto a los ojos del SEÑOR tu Dios.” Literalmente, traducido del hebreo original, esta frase no es una explicación, sino otra directiva. Dice así: “…has lo que es bueno y recto a los ojos del Señor tu Dios.”

Los eruditos ven esta frase como un consejo. Moisés les está enseñando a los hijos de Israel ––y a nosotros–– que debemos vivir nuestra vida de acuerdo a lo que Dios piense de nosotros, y no según lo que otras personas puedan pensar. Habrá momentos en los que hacer lo correcto no será popular, y otros en los que hacer lo que es popular no será correcto. Tenemos que hacer “lo bueno y lo recto a los ojos del Señor.

Vivimos en una sociedad donde la gente se preocupa muchísimo por lo que otros piensan de ellos. Nos demos cuenta o no, las cosas que decimos, la ropa que usamos y los lugares donde hacemos las compras son aspectos que están muy influenciados por los demás. Sin embargo, como el Rebe Kotzker señala, esto priva a una persona de su individualidad. Si bien es normal y natural querer encajar, también hay ocasiones y lugares para diferenciarse. Es mucho más importante “encajar” con Dios y que las personas que nos rodean nos marginen, que encajar con todo el mundo a nuestro alrededor y que Dios nos haga a un lado.

Examine su vida y pregúntese qué pensará Dios de ella. ¿Qué piensa Dios de cómo me visto, de cómo gasto mi tiempo y dinero? Olvídese de impresionar a sus amigos por un momento, ¡y descubra cómo puede impresionar a su Dios!